martes, 21 de julio de 2009

Utilización de los Rayos X y sus efectos

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EL MIRADOR (DE JUAN GÉRVAS): RAYOS Y DAÑOS.

Juan GervásMadrid 21/07/2009.
En su visión de hoy, nuestro colaborador valora, por un lado, el avance que ha supuesto para la Medicina el uso de los rayos X, y, por otro, la escasa conciencia existente sobre los problemas que comporta su utilización.

"El ojo que ves no es ojo porque lo veas, es ojo porque te ve", dijo Machado, el poeta.
Resumió con belleza y precisión el mundo de las radiaciones visibles, de las que logran que nos formemos a distancia una idea del ambiente que nos rodea.
A distancia también, el oído permite prever lo que viene y saber lo que sucede a distancia, antes de que nos "caiga" encima.
Desde luego, ambas informaciones, visual y acústica, debieron ser clave en la evolución.

Pienso, por ejemplo, en un tigre de dientes de sable rondando a una horda prehistórica refugiada en lo alto de una peña, pendiente de todo ruido y cambio en el panorama.
O en la soledad del cazador en la selva impenetrable, dependiente del oído para lograr éxito y supervivir.
O en la sabana despejada, la visión lejana del reflejo del agua.

Conviene no olvidar el olfato, también con información del ambiente que nos rodea, pero más íntimamente ligado a las emociones, al sexo y al recuerdo.
Nada como el olfato para percibir el comienzo de un incendio y la necesidad de huir de una probable muerte, cuando arde el bosque.

Rayos X.
La evolución humana lleva a mayor independencia del medio ambiente.
Así, vivir en cuevas y en casas nos permite mantener un microclima que no depende del exterior, y menos con los actuales medios de aislamiento, calefacción y refrigeración.
Estos medios son expresión del avance científico y técnico, que ya tuvieron parcialmente algunos pueblos como los de la Civilización Minoica, en Creta, 1.500 años a.C.

El avance científico y técnico también añade capacidades artificiales, como bien demuestran el telescopio (ver los planetas y las estrellas mil veces mejor que con el ojo desnudo) y el uso de los rayos X en radiología (con ellos somos capaces de "ver" el interior del cuerpo sin despedazarlo).
El descubrimiento de los rayos X cambió radicalmente la Medicina, tanto en su capacidad de intervención como en su credibilidad social y dio enorme ímpetu a la visión biológica del ser humano.

Los rayos X se encuentran entre los rayos gamma y la radiación ultravioleta.
Son radicaciones electromagnéticas, como la luz visible.
En el caso de los rayos X su origen es extra-nuclear pues se producen por la desaceleración rápida de electrodos muy energéticos.

Los primeros experimentos con rayos X los llevó a cabo el inglés Croques, con sus tubos.
El serbio Tesla fue quien se dio cuenta de su peligrosidad para los seres vivos (daño que se acumula a lo largo de los años y de por vida).
Pero fue el alemán Röntgen el que los descubrió como tal radiación, y el que llevó a cabo la primera radiografía el 22 de diciembre de 1895 (la mano de su mujer).

En la historia de estos científicos hay hechos notables, como la intuición de Tesla, capaz de "imaginar" las máquinas y las soluciones a los problemas sin necesidad de racionalizar el proceso, ni de dibujarlo o escribirlo siquiera en el primer momento.
O la vida de Röntgen, criado en Holanda, expulsado del colegio en Utrecht, admitido en la Universidad de Zúrich sin bachillerato.

Daño biológico y Sievert.
Con el uso de los rayos X para radiología comenzó una nueva era de irradiación artificial para la Humanidad.
Hoy la mayor parte de la irradiación de lo humanos se debe al uso de los rayos X en radiología, y hasta el 70% del total procede de la Tomografía Axial Computarizada (TAC).

El sueco Sievert da nombre a la unidad de medida de la dosis de radiación absorbida por la materia viva, corregida por los posibles efectos biológicos producidos.
En la Unión Europea la máxima dosis de irradiación admitida en la población es de un milisievert (mSv) por año.
Para una población global el riesgo de cáncer se incrementa en un 10% cuando se recibe una dosis única de 1 Sv (1000 mSv).
Si se limita al adulto de edad media el riesgo llega al 1%.
Al contrario, cuando se acota a edades inferiores a los 10 años asciende al 15%.

Para hacernos idea clínica, 10 mSv en dosis única en una población conllevan el riesgo atribuible a lo largo de la vida de un cáncer por mil habitantes.
En una típica TAC abdominal se reciben de 10 a 20 mSv, y en una TAC helicoidal pulmonar la irradiación del tejido glandular de la mama es de 20 mSv.
Los pacientes con litiasis renal pueden llegar a los 150 mSv a lo largo de su enfermedad.
Por último, cinco TAC de 64 cortes, de los que ahora se emplean para las colonoscopias y coronariografías "virtuales", conllevan la misma irradiación que dejó la bomba atómica en Hiroshima entre los supervivientes.

Ignorancia y responsabilidad.
El daño biológico que causa la actividad radiológica es claramente ignorado por médicos y pacientes (por más que incremente la incidencia de cánceres y leucemias).
Por ejemplo, amable lector/a, ¿podría calcular los mSv que ha acumulado a lo largo de su vida por la radiología?
Esta ignorancia no excluye de la responsabilidad.

Y sorprende vivamente, dada nuestra conducta en otros campos.
Así, la probabilidad de una reacción grave y muerte con los contrastes iodados radiológicos es de una entre 400.000, nada comparable con el incremento de la probabilidad de desarrollar cáncer si en esa misma intervención se absorben 10 mSv.
Para lo primero se pide consentimiento informado.
De lo segundo ni se habla.

Habitual y absurdo comportamiento.
La ciencia y la técnica dan poderes de semidioses a los humanos, como ojos para ver el interior del organismo sin romperlo.
No lo rompen, no, pero lo dañan.

Juan Gérvas es Médico General Rural y promotor del Equipo CESCA